<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Titolandia</title>
	<atom:link href="http://titolandia.cl/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://titolandia.cl</link>
	<description>Tito Matamala en línea</description>
	<lastBuildDate>Mon, 14 May 2012 00:39:51 +0000</lastBuildDate>
	<language>en</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>http://wordpress.org/?v=3.1.3</generator>
		<item>
		<title>Oreste Plath</title>
		<link>http://titolandia.cl/2012/05/13/oreste-plath/</link>
		<comments>http://titolandia.cl/2012/05/13/oreste-plath/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 14 May 2012 00:39:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>tito</dc:creator>
				<category><![CDATA[Escritos]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://titolandia.cl/?p=598</guid>
		<description><![CDATA[Gracias, Petronila Neira, por haberme mejorado “L’animita”, del investigador Oreste Plath, es el estudio más prolongado y profundo de la costumbre nacional de establecer cenotafios en los lugares – carreteras, ferrovías – en que ha muerto un ser querido. El hábito también se introduce en los cementerios mediante placas recordatorias, y no requiere de edictos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center;"><span style="color: #003366;">Gracias, Petronila Neira, por haberme mejorado</span></h2>
<h3 style="text-align: center;"><span style="color: #003366;">“L’animita”, del investigador Oreste Plath, es el estudio más prolongado y profundo de la costumbre nacional de establecer cenotafios en los lugares – carreteras, ferrovías – en que ha muerto un ser querido. El hábito también se introduce en los cementerios mediante placas recordatorias, y no requiere de edictos oficiales para nombrar beatos y santas.</span> <img class="aligncenter size-full wp-image-599" title="lanimita" src="http://titolandia.cl/wp-content/uploads/2012/05/lanimita.jpg" alt="" width="293" height="397" /></h3>
<p style="text-align: justify;">Alguna vez, hace más de cien años, el espejo de agua que conocemos como Laguna Redonda no se llamó así, sino Petronila Neira, para honrar y adorar a una joven que había sido asesinada y cuyo cuerpo fue encontrado allí. La muchacha provenía de Coronel y se había emparejado con Arturo Retamal, un hombre violento y alcohólico que solía maltratarla con frecuencia.</p>
<p style="text-align: justify;">Luego de una noche de juerga de Retamal con su amigo Pedro Carrillo, acompañados por la joven de veinte años de edad, pasearon por Laguna Redonda. De pronto, según el testimonio de Retamal, Carrillo extrajo un cuchillo de sus ropas y apuñaló y degolló a Petronila. Después le destruyó la dentadura y le quitó un diente que creyó de oro. La policía nunca pudo aclarar el crimen. Sin embargo, la comunidad no esperó el veredicto de la justicia para “beatificar” a Petronila por su martirio, por las desgraciadas circunstancias de la muerte, “por haber sido ensacada y colocársele piedras pesadas para que se fuera al fondo de la laguna. El primer milagro es que saliera a la superficie”.</p>
<p style="text-align: justify;">Así es como Laguna Redonda por un tiempo se llamó Petronila Neira, la gente levantó casetas en su ribera y erigió un santuario destinado a pagar mandas. Y en su sepultura en el cementerio de la ciudad comenzaron a aparecer placas: “Gracias Petronila Neira por haberme mejorado. Celestina B. de Vergara”.</p>
<p style="text-align: justify;">“L’animita” (Editorial Fondo de Cultura Económica) es una nueva y actualizada edición del soberbio trabajo de investigación que por muchos años llevara a cabo Oreste Plath, el renombrado investigador del folclore y las tradiciones chilenas. Se trata de un fenómeno que también se da en otros países, pero que en el nuestro pareciera cobrar mayor magnitud. No hay carretera, curva peligrosa, ferrovía o barranco en Chile que no acoja una de esas casetas, que se asemejan a iglesias a escala, para recordar la triste muerte de un ser querido. La modernidad – el ensanche de las vías, los cambios en el trazado – se halla en permanente disputa con una costumbre arraigada que es mantenida por familiares y vecinos del sector, conmovidos por el deceso de un individuo.</p>
<p style="text-align: justify;">Las animitas también se trasladan a los cementerios y comienzan a adquirir fama de acuerdo a la capacidad del fallecido para ejecutar milagros. Según la creencia popular, las personas que mueren trágicamente poseen poderes para resolver favores ante Dios. Entre ellos, las almas de los sentenciados de manera injusta son todavía más milagrosos: “las flores de la animita no se secarán, ni las velas se apagarán, mientras la justicia no castigue a los culpables”.</p>
<p style="text-align: justify;">Oreste Plath tituló así su libro – “L’animita” – para expresar de ese modo la fonética del habla popular, seno en el que nace este arraigado culto. El subtítulo “Hagiografía folclórica” va por esa misma senda: la hagiografía es la historia de la vida de los santos de la iglesia, los “oficiales”. Pero el fervor hacia las animitas no precisa de dictámenes vaticanos, así que se beatifica y se santifica de manera instantánea.</p>
<p style="text-align: justify;">Existen casos más complejos, como el de Emilio Dubois, un asaltante de Valparaíso que a principios del siglo XX habría asesinado a varias personas con golpes de laque y puñaladas. Atrapado por la policía y juzgado, enfrentó el pelotón de fusilamiento en marzo de 1907. Hasta el último minuto alegó inocencia: “muero, pues, inocente, no por haber cometido esos crímenes sino porque esos crímenes se cometieron”.</p>
<p style="text-align: justify;">Bajo ese manto de duda, el pueblo lo convirtió en animita “por la valentía que demostró camino hacia el banquillo, su hombría frente al receptor, el dirigir la palabra a los asistentes para decir por última vez que era inocente, el solicitar que no le vendaran la vista, que le dispararan al corazón y con voz entera dar la orden de ejecución”.</p>
<p style="text-align: justify;">“L’animita” es una bellísima edición que resulta imprescindible en hogares y bibliotecas públicas, pues de la lectura pausada de sus páginas surge un país extravagante en su relación con la muerte, piadoso con sus difuntos y que – pese a los golpes del progreso y los centros comerciales – se niega a desaparecer.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://titolandia.cl/2012/05/13/oreste-plath/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>José Saramago</title>
		<link>http://titolandia.cl/2012/05/13/jose-saramago/</link>
		<comments>http://titolandia.cl/2012/05/13/jose-saramago/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 14 May 2012 00:36:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>tito</dc:creator>
				<category><![CDATA[Escritos]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://titolandia.cl/?p=595</guid>
		<description><![CDATA[Muchas vidas sin ventanas al horizonte Recuperada del olvido, “Claraboya”, de José Saramago, describe las existencias feas y opacas de un amplio espectro de ánimas en un barrio de Lisboa a fines de los 40, varios de esos personajes que más tarde poblarían la narrativa del Nobel portugués. &#160; Para Emilio no es sencillo constatar [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center;"><span style="color: #003366;">Muchas vidas sin ventanas al horizonte</span></h2>
<h3 style="text-align: center;"><span style="color: #003366;">Recuperada del olvido, “Claraboya”, de José Saramago, describe las existencias feas y opacas de un amplio espectro de ánimas en un barrio de Lisboa a fines de los 40, varios de esos personajes que más tarde poblarían la narrativa del Nobel portugués.</span> <a href="http://titolandia.cl/wp-content/uploads/2012/05/CLARABOYA.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-596" title="CLARABOYA" src="http://titolandia.cl/wp-content/uploads/2012/05/CLARABOYA.jpg" alt="" width="265" height="425" /></a></h3>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">Para Emilio no es sencillo constatar que ha llegado a la mediana edad y es un amargado, así se lo dice a su hijo Enrique: “soy muy infeliz. Me iré un día de éstos. No sé cuándo, pero sé que me iré. La felicidad no se conquista, pero quiero conquistarla. Aquí ya no puedo, murió todo… Mi vida falló”. Por fortuna, esta amarga confesión se la dice mientras su hijo duerme. Enrique apena se vale por sí mismo, padece una enfermedad desde su nacimiento.</p>
<p style="text-align: justify;">Carmen, la esposa de Emilio, es de origen español, y está arrepentida de haberse casado y abandonado su país para ir a vivir a Lisboa, donde se siente siempre ajena: “cuánta razón tenía el padre, cuando no quería esa boda. ¿Por qué no se casó con el primo Manolo, que tenía una fábrica de cepillos en Vigo? ¡Podía ser ahora una señora, dueña de la fábrica, con criadas a sus órdenes!”. A veces Carmen cree que su marido tiene una amante, una amiga, porque en su opinión todas las desavenencias conyugales son provocadas por la existencia de amigas: “los hombres son como los gallos, que cuando están sobre una gallina ya han elegido la que vendrá a continuación”.</p>
<p style="text-align: justify;">Sentados a la mesa con la comida servida, Anselmo y Rosalía esperan a su hija María Claudia. Ella trabaja, aporta algo de divisas a la economía del hogar, y aun así no alcanza. Por eso a Anselmo le cuesta comer de su plato, porque su cabeza está enfocada en un asunto práctico y dificultoso: “encontrar suficiente dinero para llegar a fin de mes”. Justo ese día, faltando todavía diez para el 30, a su esposa le han negado el fiado en el almacén.</p>
<p style="text-align: justify;">“Claraboya” (Editorial Alfaguara) es la novela póstuma del Premio Nobel portugués José Saramago. Se trata de un texto muy antiguo, se supone que data de 1953, que había estado perdido en las bodegas de una editorial que, en su momento, ni se dignó a responder negativamente al autor. Ello le supuso una humillación de la que fue agotador recuperarse. Como señala su viuda en el prólogo: “un joven, recordémoslo, de menos de treinta años, que no fue a la universidad, hijo y nieto de analfabetos”.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo interesante de “Claraboya” es que antecede a todas las demás novelas de Saramago que lo consagrarían como uno de los grandes de la literatura universal. Su lectura es, entonces, una especie de arqueología literaria en que se puede apreciar el origen de la singular voz de narrador que más tarde se manifestarían en títulos como “Ensayo sobre la ceguera” y “El evangelio según Jesucristo”. La mayor diferencia es que en “Claraboya” todavía no aparece la singular forma de puntuación y de expresiones de diálogo que serán más tarde la marca de su creador.</p>
<p style="text-align: justify;">En un pequeño barrio de Lisboa, con la dictadura de Salazar y la postguerra europea como trasfondo, los vecinos se otean por las ventanas, escuchan a través de las paredes, se saludan, se respetan o se odian. Lidia, por ejemplo, acapara las miradas inquisitivas porque es bonita, se viste con ropa elegante y no le falta el dinero. Lidia practica ese oficio que nunca entra en crisis y que siempre tendrá demandantes asegurados: una vez a la semana la visita un hombre en un automóvil lujoso y se retira de madrugada, jamás permanece hasta el otro día.</p>
<p style="text-align: justify;">Más allá, cuatro mujeres parecen esconderse de la luz del día: dos hermanas, la madre y una tía. Adriana zurce calcetines e Isaura se afana en abrir los ojales a una camisa, mientras su madre teje a punto crochet. En la mesa, la tía Amelia despliega las boletas impagas intentando cuadrar los gastos con los exiguos haberes, “tarea de mujeres feas y apagadas, tareas de una vida pequeñita, de una vida sin ventanas al horizonte”.</p>
<p style="text-align: justify;">Ese estado de suspensión, de muertos sin sobre aviso, es el que colma a los personajes de “Claraboya”: la miseria económica ha engendrado la miseria de sus existencias porque la vida, reflexiona uno de ellos, “es un pulpo con muchos tentáculos”.</p>
<p style="text-align: justify;">En la lectura de “Claraboya” nos encontramos con dos novelas. La primera, la de Saramago tratando de abrirse camino en la literatura cuando nadie habría apostado por él. La segunda, la historia de este manuscrito que vino desde el pasado a buscar su sitio en la vitrina literaria del presente.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://titolandia.cl/2012/05/13/jose-saramago/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Benjamín Labatut</title>
		<link>http://titolandia.cl/2012/05/02/benjamin-labatut/</link>
		<comments>http://titolandia.cl/2012/05/02/benjamin-labatut/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 03 May 2012 01:00:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>tito</dc:creator>
				<category><![CDATA[Escritos]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://titolandia.cl/?p=591</guid>
		<description><![CDATA[La muerte no es la única salida “La Antártica empieza aquí” es un sólido conjunto de relatos del novel escritor chileno Benjamín Labatut. Prima en ellos la economía de lenguaje y la resistencia al intento de golpear al lector con efectismos propios del género. ¿Hay algo peor que un periodista que desea ser escritor? Sí: [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center;"><span style="color: #003366;">La muerte no es la única salida</span></h2>
<h3 style="text-align: center;"><span style="color: #003366;">“La Antártica empieza aquí” es un sólido conjunto de relatos del novel escritor chileno Benjamín Labatut. Prima en ellos la economía de lenguaje y la resistencia al intento de golpear al lector con efectismos propios del género.</span></h3>
<p style="text-align: justify;"><img class="aligncenter size-full wp-image-592" title="antartica" src="http://titolandia.cl/wp-content/uploads/2012/05/antartica.jpg" alt="" width="242" height="425" /></p>
<p style="text-align: justify;">¿Hay algo peor que un periodista que desea ser escritor? Sí: que ese periodista se desempeñe en el área de cultura de un medio impreso. Eso le ocurre al protagonista de “La Antártica empieza aquí”, relato que le da el nombre a este volumen de cuentos de Benjamín Labatut. El también narrador trabaja en la revista Fortuna, pero es incapaz de concentrarse en las tareas que le encarga su editor, y vive con el pálpito de que cualquier día será despedido. Sólo mantiene una amiga, Guillermina, con quien suele conversar y tomarse unos tragos. Y luego acoge como pupilo a un curioso estudiante en práctica, Fede, un joven de fealdad extrema, con un rostro deforme, que asusta a cualquier interlocutor.</p>
<p style="text-align: justify;">El narrador recupera algo de interés en su profesión cuando sabe que un mítico y casi desconocido poeta, Karol Vasek, estaría nominado al Premio Nacional de Literatura. El problema es que nadie lo conoce y ni las librerías ni las bibliotecas guardan algún volumen que recopile su producción poética: “un viejo ejemplar de la revista <em>Finis</em> <em>Terrae</em> dedicado a poetas jóvenes chilenos, incluía dos poemas de Vasek de una docena de versos cada uno y una breve biografía que indicaba que su padre era un ex miembro de la Lutwaffe que había llegado al país como piloto del avión presidencial de Gabriel González Videla”.</p>
<p style="text-align: justify;">El caso Vasek comienza a atormentar al periodista. Logra contactar a un sujeto todavía más oscuro, Riquelme, quien le presenta documentos que hablan de una carrera militar del poeta y de una expedición a la Antártica que termina con una docena de hombres muertos.</p>
<p style="text-align: justify;">Varios de los otros relatos de “La Antártica empieza aquí” (Editorial Alfaguara) se adentran en la experimentación del formato. En “Deseo”, por ejemplo, dos escritores están tras el mismo tema: la vida del travesti Deseo Guadalupe Flores convertido en una santa milagrosa. Ambos autores primerizos poseen estilos e inquietudes distintos. Uno, Marcel, es argentino. El otro, Sebastián, es chileno. Una serie de casualidades, tal vez otro milagro de la santa, permite que se conozcan durante la filmación de una película en el barrio Bellavista de Santiago. Marcel odió al chileno: “su cinismo de clase alta, su físico cuidado y la forma en que se vestía y hablaba”. En suma, demasiado limpio para llegar a ser un escritor profundo, apenas un burgués decadente. “Sebastián, en cambio, se había enamorado”.</p>
<p style="text-align: justify;">Con breves párrafos aislados, que son como saltos en el tiempo, en “La cura de Ana” asistimos al calvario de una muchacha que a los dieciocho años descubre una enfermedad de su piel que la lleva a ser recluida por una eternidad en un centro de atención médica. Allí, entre enfermos terminales, se ha establecido un ciclo de padecimiento, recuperación y otra vez padecimiento. No hay guardias ni enfermeros, esas tareas las cumplen los mismos internos, como si fuesen turnos. El centro médico es un modelo del mundo en que todo ocurre de manera más rápida y más dramática: “el alma estaba unida al cuerpo por el más tenue de los hilos. Las múltiples formas de la muerte probaban esta verdad. Pero la muerte no era la única salida”.</p>
<p style="text-align: justify;">En “Club de campo” Benjamín Labatut reitera el oficio del azar para que dos personas se encuentren. Julieta conoce a Marcos en un bar, tres meses después ya viven juntos. Emigran a Madrid, y con el tiempo aparecen los desencuentros en la relación. En una de esas peleas, cuando ella se ha quedado sola en el piso, suena el teléfono: “buenos días, mi nombre es Paula Iglesias y su línea ha sido seleccionada para obtener un descuento en sus llamadas de larga distancia”. La amistad entre Paula y Julieta es inmediata, se cuentan sus vidas y hasta celebran el cumpleaños de la primera así, una a cada lado de la línea con sendas botellas de vino.</p>
<p style="text-align: justify;">Estos siete cuentos de Benjamín Labatut se escapan de las estridencias y de la persecución de un final de impacto, son relatos a cargo de una voz que casi desaparece para no contaminar la historia y transmite – quizás sin proponérselo – una triste melancolía al lector.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://titolandia.cl/2012/05/02/benjamin-labatut/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Hernán Migoya</title>
		<link>http://titolandia.cl/2012/05/02/hernan-migoya/</link>
		<comments>http://titolandia.cl/2012/05/02/hernan-migoya/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 03 May 2012 00:56:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>tito</dc:creator>
				<category><![CDATA[Escritos]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://titolandia.cl/?p=587</guid>
		<description><![CDATA[Francisco Franco y los demás muertos vivos La novela “Una, grande y zombi” – refiriéndose a una sola patria, muy grande y llena de zombis – es una electrizante parodia de los tiempos que corren en la península ibérica. La solución al déficit económico y al despilfarro fiscal puede ser muy simple: comerse unos a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center;"><span style="color: #003366;">Francisco Franco y los demás muertos vivos</span></h2>
<h3 style="text-align: center;"><span style="color: #003366;">La novela “Una, grande y zombi” – refiriéndose a una sola patria, muy grande y llena de zombis – es una electrizante parodia de los tiempos que corren en la península ibérica. La solución al déficit económico y al despilfarro fiscal puede ser muy simple: comerse unos a otros.</span> <img class="aligncenter size-full wp-image-589" title="zombi" src="http://titolandia.cl/wp-content/uploads/2012/05/zombi.jpg" alt="" width="277" height="397" /></h3>
<p style="text-align: justify;">Fue una muy mala idea haber organizado un partido de fútbol entre España y Cataluña, como si se tratase de dos naciones independientes. Y no por las consecuencias políticas que ello acarrearía, o por los afanes independentistas siempre latentes, sino porque antes del encuentro los jugadores habrían de agarrarse a tarascones.</p>
<p style="text-align: justify;">Un estadio Camp Nou repleto en Barcelona espera el pitazo inicial del árbitro, pero en cambio lo ven caer al suelo muerto, o no tanto. Cuando los jugadores piden asistencia médica, el juez abre de nuevo los ojos, que ya no son los mismos ojos humanos, y ve de cerca la canilla del capitán de la selección española, muy apetitosa se aprecia, y le da un mordisco tan grande que le deja colgando el talón de Aquiles. Entonces, se desata una reacción en cadena y a los pocos minutos ya no quedan futbolistas vivos en la cancha, todos se han convertidos en zombis con sus carnes desgarradas y sus fauces babosas, “cuando los periodistas vaticinaban que los jugadores locales se comerían vivos a los visitantes, no se referían precisamente a aquella devastación”. La policía antidisturbios opta por lo sano: tirar a matar, aunque ahora no se sabe qué puede significar ese estado.</p>
<p style="text-align: justify;">“Una, grande y zombi” (Ediciones B), de Hernán Migoya, es una novela de género inclasificable, terriblemente cruda y sarcástica, que llena a España de zombis hambrientos de humanos que, como señala la tradición, después de mordidos serán también zombis. Si la película emblemática del género, “La noche de los muertos vivientes” (1969), de George Romero, se entendía como una crítica social al consumo y al individualismo, Migoya recoge esa idea y la actualiza para que funcione en su país sumido en una grave crisis económica, ¡y con un indolente rey cazador de elefantes!</p>
<p style="text-align: justify;">La solución del descalabro es, pues, sencilla: los españoles deben comerse unos a otros. Ya verán cómo les mejora el PIB.</p>
<p style="text-align: justify;">En las tribunas del estadio hay una singular pareja de espectadores: uno se llama Evaristo, pero le dicen Eva, un joven marcado por la fealdad como secuela de su niñez en un orfanato, y la otra es Luz, una muchacha española pero de raza negra. Ambos llevan apenas 24 horas juntos, pero no dudan de que se aman. Y cuando están viendo la comilona de jugadores en el pasto, Luz comienza a sentir los mismos síntomas de muerte súbita del árbitro. En minutos será un zombi. Eva intenta protegerla en un esfuerzo inútil.</p>
<p style="text-align: justify;">Después nos enteramos de que la epidemia zombi ha sido gestada por un grupo ultraderechista cuya meta política es regresar al poder con Francisco Franco. Que el viejo dictador haya muerto en 1975 no es obstáculo, se trata simplemente de acudir a su tumba en el Valle de los Caídos y recuperarlo a la vida, o algo parecido, para que vuelva a conducir con mano firme los destinos de la nación. Para el narrador, sin embargo, “aquel hombre ya era un monstruo en sí mismo, con o sin resurrección”. La conspiración zombi era tan antigua que el cuerpo del caudillo había sido enterrado “bajo estrictas medidas de preservación” para esperar el día de su segundo alzamiento: “Ríanse de Walt Disney… ¡Ja! Ríanse de Michael Jackson… ¡Doble ja!”.</p>
<p style="text-align: justify;">La sustancia que produce la condición de zombi, con apariencia de vino tinto, debe ser graduada en extremo para producir el efecto del muerto vivo, y no del muerto idiota.</p>
<p style="text-align: justify;">Muerta y vuelta a la vida como zombi, la joven Luz no se comporta igual que sus colegas descerebrados y hambrientos de carne. Hay en ella, en el fondo de sus ojos, un entendimiento todavía humano, y la posible clave para detener la conspiración. De hecho, no es capaz de morder el cuello de su amado Eva, pese a que lo ve tan cerca, y prefiere huir a casa para darse un festín con sus sádicos padrastros españoles. Noten el simbolismo racial.</p>
<p style="text-align: justify;">Se requiere algo de pana para disfrutar de “Una, grande y zombi”, pues abre todavía más la metáfora de los muertos vivientes hasta abarcar el ejercicio de la política, en donde también sus actores suelen darse mordidas y comportarse como bestias. No sólo en España.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://titolandia.cl/2012/05/02/hernan-migoya/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Michio Kaku</title>
		<link>http://titolandia.cl/2012/04/18/michio-kaku/</link>
		<comments>http://titolandia.cl/2012/04/18/michio-kaku/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 18 Apr 2012 18:21:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>tito</dc:creator>
				<category><![CDATA[Escritos]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://titolandia.cl/?p=584</guid>
		<description><![CDATA[Dónde están los turistas que vienen del futuro “Física de lo imposible” aborda de manera muy amena las frustraciones y esperanzas de los seres humanos ante el esplendoroso avance de la ciencia. Todo indica que deberemos esperar un tiempo, o legarlo a las próximas generaciones. A fines de la década de los sesenta se había [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center;"><span style="color: #003366;">Dónde están los turistas que vienen del futuro</span></h2>
<h3 style="text-align: center;"><span style="color: #003366;">“Física de lo imposible” aborda de manera muy amena las frustraciones y esperanzas de los seres humanos ante el esplendoroso avance de la ciencia. Todo indica que deberemos esperar un tiempo, o legarlo a las próximas generaciones.</span></h3>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #003366;"><img class="aligncenter size-full wp-image-585" title="imposible" src="http://titolandia.cl/wp-content/uploads/2012/04/imposible.jpg" alt="" width="284" height="425" /></span>A fines de la década de los sesenta se había impuesto en la sociedad la idea ilusoria de un futuro cercano en que la ciencia y la tecnología nos colmarían de fantásticos beneficios. Ya para el cambio de milenio estaríamos habitando la Luna, ocuparíamos sólo la energía del sol y las enfermedades terribles – como el cáncer – serían un mal recuerdo. La exitosa misión del Apolo XI nos alentaba, y en revistas como “Mecánica Popular” aparecían ilustraciones formidables de cómo serían las urbes del siglo XXI.</p>
<p style="text-align: justify;">No fue así, el futuro de ensueño tardaría un poco más.</p>
<p style="text-align: justify;">De ello da cuenta “Física de lo imposible” (Editorial Debate), de cuánto más tendremos que esperar para viajar en el tiempo, explorar las galaxias o – en el frente doméstico – disponer de un autómata que nos cocine y nos planche la ropa. Su autor, Michio Kaku, es una eminencia en estos temas y una estrella de los canales culturales del cable. Con un lenguaje sencillo, comprensible para cualquier lector, Kaku se vale de numerosos ejemplos extraídos de la ficción del cine y la literatura para explicar los fenómenos complejos. Es imposible hablar de los viajes en el tiempo sin mencionar “La máquina del tiempo”, de H.G. Wells, o “Volver al futuro”, de Robert Zemeckis. Ambas fantasías son analizadas por Kaku a fin de encontrarles la falla, la inconsistencia científica.</p>
<p style="text-align: justify;">Un colega de Kaku, Stephen Hawking, es muy ilustrativo y pesimista: “si el viaje en el tiempo es posible, entonces, ¿dónde están los turistas que vienen del futuro?”.</p>
<p style="text-align: justify;">El viaje en el tiempo deberá esperar mucho. La humanidad apenas se mantiene en un tipo de civilización dependiente de los combustibles fósiles, muy distante de la inconmensurable energía que necesitaremos para dejar la Tierra y conquistar el Universo. Pero, ¿y si se nos han adelantado?</p>
<p style="text-align: justify;">La búsqueda de vida extraterrestre es otra de las preocupaciones desplegadas en el libro: ¿serán amigables como E.T.?, ¿o invasores como en “La guerra de los mundos”? Desde 1995 los enormes radiotelescopios del Instituto SETI – los que vimos en la película “Contacto” – exploran miles de estrellas para encontrar rastros de seres inteligentes. Uno de sus astrónomos veteranos, Seth Shostak, es optimista: “captaremos una señal para 2025”.</p>
<p style="text-align: justify;">Cada uno de nosotros hemos anhelado un mayordomo o una empleada autómata que nos libre de los deberes de mantener un hogar en funcionamiento, como en “El hombre bicentenario”. Ya sabemos que los robots se hallan presente en procesos productivos de todo el mundo, pero no son más que brutos que obedecen a un patrón de conducta. Como sostiene Kaku, una máquina maneja la sintaxis pero no la semántica del pensamiento: “¿llegarán a superarnos los ordenadores en inteligencia? Ciertamente no hay nada en las leyes de la física  que lo impida”. Qué miedo.</p>
<p style="text-align: justify;">La conquista de la Luna en 1969 fue posible gracias a la invención de poderosos cohetes que quemaban toneladas de combustible. Así, con ese estilo cavernario, no llegaremos más allá de Marte en la próxima década. Las leyes de la física son implacables: nada puede viajar más rápido que la velocidad de la luz, y aun cuando nos acercáramos a dicha velocidad tampoco nos alejaremos mucho de casa. La misma física que nos niega la posibilidad de aferrarnos a la cohetería clásica, nos abre opciones que surgen de las modernas teorías que describen el Universo.</p>
<p style="text-align: justify;">Michio Kaku cita dos obras para demostrar cuál podría ser la solución a las distancias siderales del cosmos. En el filme “Contacto”, los científicos construyen una máquina – por instrucciones de extraterrestres – que abre una brecha en el espacio/tiempo, por lo que es posible saltar de un lado a otro de la galaxia sin despeinarse. Y no es mentira, la física les llama agujeros de gusano, y podrían ser nuestra gran esperanza. Esa misma idea aparece mucho antes, sin un cariz científico: el espejo de “Alicia en el país de las maravillas”, de Lewis Carroll, por donde la protagonista cruzaba de un universo a otro.</p>
<p style="text-align: justify;">“Física de lo imposible” es un libro fresco que nos permite volver a soñar con el futuro, y que se agrega a los primeros lugares en la lista de los grandes clásicos de divulgación científica, como “Introducción a la ciencia”, “Historia del tiempo” o “Una muy breve historia de casi todo” ¿Conoce estos títulos?</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://titolandia.cl/2012/04/18/michio-kaku/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>David Foster Wallace</title>
		<link>http://titolandia.cl/2012/04/11/david-foster-wallace/</link>
		<comments>http://titolandia.cl/2012/04/11/david-foster-wallace/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 11 Apr 2012 15:44:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>tito</dc:creator>
				<category><![CDATA[Escritos]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://titolandia.cl/?p=580</guid>
		<description><![CDATA[La realidad no es más que un alias de la ficción “El rey pálido” se entromete en el mundo de la burocracia federal de los impuestos, de donde saca sorprendentes conclusiones acerca de los hombres y su pavor por cualquier institución que les parezca aburrida. De repente, cuando el lector se va metiendo en la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center;"><span style="color: #003366;">La realidad no es más que un alias de la ficción</span></h2>
<h3 style="text-align: center;"><span style="color: #003366;">“El rey pálido” se entromete en el mundo de la burocracia federal de los impuestos, de donde saca sorprendentes conclusiones acerca de los hombres y su pavor por cualquier institución que les parezca aburrida.</span></h3>
<p style="text-align: justify;"><span style="color: #003366;"><img class="aligncenter size-full wp-image-581" title="reypalido" src="http://titolandia.cl/wp-content/uploads/2012/04/reypalido.jpg" alt="" width="273" height="425" /></span>De repente, cuando el lector se va metiendo en la trama, aparece de manera violenta el autor y nos aclara que aquello no es una novela, no es ficción. “David Wallace, de cuarenta años, con número de seguridad social 975-04-2012”, declara lo siguiente: “todo esto es verdad. Este libro es completamente verídico”. ¿Cómo ha sucedido algo tan impensable? Unas líneas más abajo insiste en que “El Rey Pálido”, de hecho, “viene a ser más una autobiografía que ninguna clase de historia inventada”.</p>
<p style="text-align: justify;">Ordenemos el entuerto. “El rey pálido” (Editorial Mondadori) es la novela póstuma del  norteamericano David Foster Wallace, quien se suicidó en 2008 producto de una depresión que no pudo vencer. Tenía 46 años. Si debemos creer la confesión del autor, el relato se sitúa en la época – a mediados de los ochenta – en que trabajó en el Centro 047 de la Agencia Tributaria, el Centro Regional de Examen del Medio Oeste, Peoria, Illinois.</p>
<p style="text-align: justify;">Wallace se empeña en retratar la mecánica interna de la burocracia federal y el comportamiento de sus empleados. También, la manera en que los ciudadanos se relacionan con los trámites y sus deberes fiscales: “si conoces la posición que adopta una persona hacia los impuestos, puedes determinar toda su filosofía. El código tributario, en cuanto lo conoces, encarna la esencia de la vida (humana): la codicia, la política, el poder, la bondad, la caridad”.</p>
<p style="text-align: justify;">De acuerdo al narrador – que se vale de extensas citas a pie de página, casi como si por ahí corriese una segunda novela paralela – el manto con que se cubren las instituciones burocráticas, para escapar del acecho de periodistas e investigadores, es el aburrimiento. A todos nos parece aburrido el mundo de los impuestos y las contadurías, por lo que eludimos esa amenaza. Wallace va más allá, sostiene que esa podría ser una buena receta para los gobiernos: conseguir que sus asuntos delicados sean lo bastante tediosos y crípticos para que no sea necesario esconder nada, “porque nadie que no esté directamente involucrado prestará la suficiente atención como para causar problemas”.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Cómo llegó el joven Wallace a trabajar para una agencia tributaria? A pesar de que insiste en que “El rey pálido” es una autobiografía, el autor elude cierto datos que deberían pesar en un texto de no ficción. Jamás menciona la universidad en la que estaba estudiando cuando “soñaba con ser un artista” porque, dice, había descubierto una veta laboral insospechada y suculenta, derivada de su talento natural: escribirles tareas y trabajos de tesis a sus compañeros de curso, servicio que era bien pagado por quienes luego formarían parte de la élite de Norteamérica. O sea, muchachos adinerados y flojos que preferían, con la venia de sus padres, la juerga antes que la disciplina de estudios.</p>
<p style="text-align: justify;">Desde ahí a su trabajo en Peoria como chico de los carritos por dos años, separado completamente de lo que era su vocación y su anhelo, acaso como un monje que busca primero las respuestas en la espiritualidad y el sacrificio. Allí recogió los principios básicos de la adultez: “el hecho de que la vida no te debe nada, de que el sufrimiento adopta muchas formas, de que nadie te cuidará jamás como lo hacía tu madre, de que el corazón humano está chiflado”. Para Wallace, la lección es dura y pocos hombres la aprenden: “si eres inmune al aburrimiento no hay literalmente nada que no puedas conseguir”.</p>
<p style="text-align: justify;">Al buen escritor no le importa si la verdad se cruza con la ficción, si su texto es un ensayo o una novela, porque tiene la certeza de que todo converge en la literatura. Y que la realidad, o como se le llame, no es más que un alias de la ficción. No es gravitante, entonces, la confesión a mitad de camino de que “El rey pálido” es una autobiografía seria y documentada, que sólo debió omitir nombres por presiones de la editorial. Si entendemos que el relato de Foster Wallace es pletórico en el sentido del humor y la ironía, que se burla de la sociedad de manera constante y con exquisita fineza, podemos descubrir que estamos ante otra gran broma suya, y nosotros fuimos ingenuos. Como nos advierte hacia el final: “la gente ingenua, más o menos por definición, no sabe que es ingenua”.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://titolandia.cl/2012/04/11/david-foster-wallace/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Alberto Manguel</title>
		<link>http://titolandia.cl/2012/04/11/alberto-manguel/</link>
		<comments>http://titolandia.cl/2012/04/11/alberto-manguel/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 11 Apr 2012 15:41:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>tito</dc:creator>
				<category><![CDATA[Escritos]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://titolandia.cl/?p=577</guid>
		<description><![CDATA[Toda la culpa es de Helena de Troya “El legado de Homero” explora la amplia y constante influencia de un supuesto bardo griego que nos heredó las dos grandes historias de la literatura occidental: la lucha entre hombres valientes y el posterior e ineludible regreso a casa. Nadie sabe quién escribió esos poemas, poco importa [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center;"><span style="color: #003366;">Toda la culpa es de Helena de Troya </span></h2>
<h3 style="text-align: center;"><span style="color: #003366;">“El legado de Homero” explora la amplia y constante influencia de un supuesto bardo griego que nos heredó las dos grandes historias de la literatura occidental: la lucha entre hombres valientes y el posterior e ineludible regreso a casa. </span></h3>
<p style="text-align: justify;"><img class="aligncenter size-full wp-image-578" title="homero" src="http://titolandia.cl/wp-content/uploads/2012/04/homero.jpg" alt="" width="257" height="425" />Nadie sabe quién escribió esos poemas, poco importa ya, en el inconsciente colectivo se le ha inventado un nombre – “Homero, u otro griego con el mismo nombre”, como indica Oscar Wilde – y con eso basta. “La Ilíada” y “La Odisea” no son sólo considerados los primeros libros de la cultura occidental, sino también una referencia innegable a lo que vino después de ellos, hasta nuestros días. Tan poderosa es la influencia que Raymond Queneau sostiene que “toda gran obra literaria es o ‘La Ilíada’ o ‘La Odisea’”. Es decir, cualquier narración posterior no es más que la rescritura de los dos modelos originales.</p>
<p style="text-align: justify;">De ello trata “El legado de Homero” (Editorial Debate), de Alberto Manguel, un apasionante recorrido por el modo en que el mítico griego ha influido en la historia de la literatura y la filosofía por más de dos mil años. Sus poemas incluso fueron objeto de contiendas religiosas y morales: el catolicismo desconfió de su origen griego y hubo momentos en que hasta fue sacrílego mencionar a Héctor, Aquiles, Paris o Helena, la culpable de todo. Dante, por ejemplo, condenó a Ulises, por pícaro y embaucador, a uno de los anillos del infierno en “La divina comedia”.</p>
<p style="text-align: justify;">El más renombrado admirador de Homero es Alejandro, que tanto se parece a uno de sus héroes en la guerra de Troya. Una edición de “La Ilíada” preparada por su maestro Aristóteles era la que acompañaba al conquistador en sus campañas, se dice que “debajo de la almohada junto al puñal, afirmando que la consideraba un perfecto manual del arte y las virtudes militares”. A pesar de ser un lector temprano, ¿qué libro en verdad habrá leído Alejandro, qué versión?</p>
<p style="text-align: justify;">El mayor problema para adentrarse en las obras del supuesto Homero es la traducción. Son cantos que se transmitían por vía oral y que en algún momento alguien dejó por escrito, ¿Homero? Pero en qué idioma, con qué entonación. De acuerdo a Alberto Manguel, si hoy escucháramos la versión primigenia de esos poemas no podríamos entenderlos, ni aun conociendo la lengua de los griegos, porque son culturas distintas, más bien formas distintas de relacionarse con el mundo. Tal vez, como si un extraterrestre quisiese leer el periódico de este domingo. Así que nos queda el consuelo de encontrar un libro que – con algo de suerte – se aproxime más al original, quizás en verso, quizás en prosa y resumido para los escolares. O tal vez una de las múltiples intromisiones del cine.</p>
<p style="text-align: justify;">Hacia 1632 el artista Rembrandt van Rijn pintó el retrato de un hombre de barba y sombrero que mira con respeto un busto antiguo. Aunque no se sabe del título de la pintura, se le conoce como “Aristóteles contemplado un busto de Homero”. Luego los historiadores descubrieron que no se trataba de Aristóteles, sino de otro artista amigo del holandés. Eso carece de relevancia ante la presencia de mármol en el retrato: “una mera convención, no la idea que tenía Rembrandt de un poeta ni la que tenía del poeta que fue Homero, sino la reproducción de una imagen popular, un objeto fabricado en serie, equivalente al Cristo de un crucifijo de Lourdes”.</p>
<p style="text-align: justify;">La pintura de Rembrandt da cuenta de la influencia de ese tal Homero en nuestra sociedad, una iconografía fantasmagórica que creemos reconocer cuando jamás la hemos conocido: “el busto de Homero es un flujo inmemorial de ideas y emociones nacido de la alentadora creencia en que la experiencia del mundo puede destilarse y preservarse en palabras e imágenes que reflejarán esa experiencia ante los ojos de un lector”.</p>
<p style="text-align: justify;">La repetición, o cuando menos la rescritura, a eso nos ha condenado la belleza siempre vigente de “La Ilíada” y “La Odisea”. Es como si los teóricos de la literatura – incluyendo a Borges – tuviesen razón: los libros siempre hablan de otros libros, los que hemos mencionado, y cuentan una historia que ya se ha contado. Aplicado a la realidad y a la vida – porque esa es maña de la literatura – el individuo mantiene una perpetua lucha, como en “La Ilíada”, hasta que de pronto le viene un tremendo deseo de regresar a casa, como en “La Odisea”.</p>
<p style="text-align: justify;">“El legado de homero” no sólo se dirige a un lector interesado en la literatura, pues va más allá: es una pequeña gran historia del pensamiento humano.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://titolandia.cl/2012/04/11/alberto-manguel/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>NUEVA PINTURA</title>
		<link>http://titolandia.cl/2012/03/29/nueva-pintura/</link>
		<comments>http://titolandia.cl/2012/03/29/nueva-pintura/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 29 Mar 2012 15:52:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>tito</dc:creator>
				<category><![CDATA[Escritos]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://titolandia.cl/?p=573</guid>
		<description><![CDATA[Camioneta Chevrolet de 1948, &#8220;rusty&#8221;, abandonada en el patio trasero de una granja del medio oeste. Papel fabriano de 34&#215;48 cm, acrílico y acuarela. Precio: $30.000. La foto siempre es deficiente, me falta un escáner grande. Una pieza original, no se compara con esas ilustraciones en serie, mil veces repetidas, que venden en las tiendas.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2>Camioneta Chevrolet de 1948, &#8220;rusty&#8221;, abandonada en el patio trasero de una granja del medio oeste. Papel fabriano de 34&#215;48 cm, acrílico y acuarela. Precio: $30.000. La foto siempre es deficiente, me falta un escáner grande. Una pieza original, no se compara con esas ilustraciones en serie, mil veces repetidas, que venden en las tiendas.</h2>
<p><a href="http://titolandia.cl/wp-content/uploads/2012/03/casi-lista.jpg"><img class="aligncenter size-large wp-image-574" title="casi lista" src="http://titolandia.cl/wp-content/uploads/2012/03/casi-lista-1024x581.jpg" alt="" width="1024" height="581" /></a></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://titolandia.cl/2012/03/29/nueva-pintura/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Carlos Bascuñán, Magdalena Eichholz, Fernando Hartwig</title>
		<link>http://titolandia.cl/2012/03/29/carlos-bascunan-magdalena-eichholz-fernando-hartwig/</link>
		<comments>http://titolandia.cl/2012/03/29/carlos-bascunan-magdalena-eichholz-fernando-hartwig/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 29 Mar 2012 15:47:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>tito</dc:creator>
				<category><![CDATA[Escritos]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://titolandia.cl/?p=570</guid>
		<description><![CDATA[La historia de Chile bajo el mar “Naufragios en el Océano Pacífico Sur” pormenoriza los incontables hundimientos de naves en las costas nacionales, entre Valdivia y Arica, las que han dejado ahí un vasto cementerio del que se ha explorado muy poco. Mala suerte para el vapor Illimani, dejó su esqueleto frente a la isla [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center;"><span style="color: #003366;">La historia de Chile bajo el mar</span></h2>
<h3 style="text-align: center;"><span style="color: #003366;">“Naufragios en el Océano Pacífico Sur” pormenoriza los incontables hundimientos de naves en las costas nacionales, entre Valdivia y Arica, las que han dejado ahí un vasto cementerio del que se ha explorado muy poco.</span> <img class="aligncenter size-full wp-image-571" title="naufragos" src="http://titolandia.cl/wp-content/uploads/2012/03/naufragos.jpg" alt="" width="282" height="425" /></h3>
<p style="text-align: justify;">Mala suerte para el vapor Illimani, dejó su esqueleto frente a la isla Mocha la madrugada del 18 de julio de 1879. O tal vez no tan mala suerte porque todos los pasajeros y tripulantes salvaron con vida, incluso se alcanzó a recuperar la correspondencia y parte de los equipajes. El permanente mal tiempo de la zona habría sido el causante del naufragio, “no obstante que el capitán, señor Leportiet, según se ha manifestado, navegaba con rumbo tal que les permitía apreciar una distancia de 20 millas de la costa”.</p>
<p style="text-align: justify;">Unos tres meses después de ocurrido el siniestro, la Comandancia General de la Marina, con base en Talcahuano, recibió la información de que se encontraron varios objetos a la deriva en las costas de Arauco y que han sido rematados: “cuatro máquinas telegráficas de Morse con sus llaves y dos tableros de los mismos”.</p>
<p style="text-align: justify;">Los mares de Arauco, sumados a los vientos arremolinados del sur, suelen causar frecuentes naufragios. Y no hay receta perfecta para sortear las dificultades, tal vez un poco de suerte y algo de fe: “entre las puntas Cullinto y Lavapié, con viento del sur puede fondearse a prudente distancia afuera de cualquier punto de la costa oriental y sur del golfo, pero se recomienda no hacerlo frente a la costa suroeste, comprendida entre las puntas Tubul y Lavapié, porque se encuentran fondos sucios y rocas hasta más de una milla mar afuera”.</p>
<p style="text-align: justify;">“Naufragios en el Océano Pacífico Sur” (Editorial Taurus), si bien es una obra de minuciosa recopilación histórica de 900 páginas, adquiere aires de novela de corsarios, marineros arrojados y tesoros perdidos bajo el mar. De vez en cuando las noticias consignan el descubrimiento de algún naufragio en las costas chilenas, pero ello no guarda proporción con las miles de naos que se han ido acumulando en el fondo marino desde que las primeras embarcaciones europeas navegaron por estas aguas.</p>
<p style="text-align: justify;">En cierto modo, por la reiteración de este tipo de calamidad a través del tiempo, puede afirmarse que la completa historia de Chile puede hallarse bajo su mar. Es sólo cuestión de saber sumergirse.</p>
<p style="text-align: justify;">El presente volumen recopila los datos de naufragios entre las costas de Valdivia y Arica, y está a cargo de los historiadores Carlos Bascuñán y Magdalena Eichholz, y del empresario forestal Fernando Hartwig. Como se ha subdivido la costa chilena en zonas específicas, también se incluye una breve historia de cada una. Respecto de la nuestra, con Talcahuano como capitanía, se destaca la sucesión cíclica de terremotos y maremotos desde las primeras anotaciones del conquistador español. Es como obligarnos a reconocer que no podremos salvarnos.</p>
<p style="text-align: justify;">Hasta bien entrado el siglo XX tomar boletos de pasajeros en una embarcación suponía un riesgo altísimo: si la fortuna te permitía conservar la vida, a cambio perdías tu mercadería, equipaje y ahorros. Eso ocurrió con el vapor “Valdivia” que en 1853 zarpó desde Valparaíso y que jamás llegó a su destino, Puerto Montt, pues encalló en las costas de Iloca. Aun cuando no hubo víctimas, “El Mercurio” de Valparaíso recoge el doloroso testimonio de uno de los náufragos: “Una hora después del choque no quedaba un alma en el buque, pero ya en ese corto espacio la fuerte quebrazón de las olas en la costa de Iloca había hecho todo estrago en él. El buque se había partido en pedazos y las olas lo barrían completamente, a la mañana siguiente no quedaba vestigio del casco”. El drama no culminó ahí. Los sobrevivientes lograron arribar a una playa de nombre Duao, “diez leguas al norte de Maule y cinco al sur de Llico”. La carga y los restos de baúles de equipaje fueron robados por los habitantes de la zona.</p>
<p style="text-align: justify;">No todas las embarcaciones siniestradas se sumen en el anonimato de la historia. Es así como la flamante corbeta Esmeralda, encargada hacía pocos años a los astilleros de Northfleet, Inglaterra, sufrió cuantiosos daños en 1875 frente a la bahía de Valparaíso: la hélice inmovilizada e inminente peligro de hundirse. Su capitán logró maniobrar para encallarla en un banco de arena y evitar daños mayores. Así estaba la Esmeralda, “desempeñando el humilde papel de pontón-escuela, único que sus años y sus achaques le permitían cumplir. Podía desarrollar escasos tres nudos”. Sin embargo, como lo sabe cualquier escolar, debó ser reparada de urgencia en 1879 para poder cumplir su deber de llenarse de gloria en la rada de Iquique, porque la guerra con Perú y Bolivia había sido inevitable.</p>
<p style="text-align: justify;">“Naufragios en el Océano Pacífico Sur” es una obra asombrosa por la meticulosidad de su catastro y por las inconcebibles historias de heroísmo, supervivencia y tragedia que surgen de las tantas naves que pueblan el suelo marino.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://titolandia.cl/2012/03/29/carlos-bascunan-magdalena-eichholz-fernando-hartwig/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Salman Rushdie</title>
		<link>http://titolandia.cl/2012/03/23/salman-rushdie/</link>
		<comments>http://titolandia.cl/2012/03/23/salman-rushdie/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 23 Mar 2012 19:56:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>tito</dc:creator>
				<category><![CDATA[Escritos]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://titolandia.cl/?p=563</guid>
		<description><![CDATA[La vida es más difícil que los videojuegos “Luka y el Fuego de la Vida” es una fábula desbordante de imaginación donde cuyo autor crea una amalgama entre los viejos tópicos de los cuentos infantiles y los modernos vicios de los juegos electrónicos. Luka era zurdo, pero a su modo, y orgulloso. Más bien, estaba [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: center;"><span style="color: #003366;">La vida es más difícil que los videojuegos</span></h2>
<h3 style="text-align: center;"><span style="color: #003366;">“Luka y el Fuego de la Vida” es una fábula desbordante de imaginación donde cuyo autor crea una amalgama entre los viejos tópicos de los cuentos infantiles y los modernos vicios de los juegos electrónicos.</span></h3>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-564" title="luka" src="http://titolandia.cl/wp-content/uploads/2012/03/luka.jpg" alt="" width="235" height="510" /></p>
<p style="text-align: justify;">Luka era zurdo, pero a su modo, y orgulloso. Más bien, estaba convencido de que no era él quien marchaba al revés, sino el resto del mundo el equivocado. A los doce años Luka vivía en la ciudad de Kahani junto a su familia, los padres y un hermano mayor, y dos mascotas singulares: un perro que se llamaba Oso, y un oso que se llamaba Perro. No es tan extraño, porque todos los habitantes de Kahani creían en un mundo de la magia paralelo, y que de allí provenían los sueños, las mentiras, las pesadillas, los tesoros enterrados, el miedo, los chistes, las buenas ideas, las pésimas ideas, los finales felices “y de hecho casi todo aquello con cierto interés”.</p>
<p style="text-align: justify;">“Luka y el Fuego de la Vida” (Editorial Mondadori) recobra los viejos tópicos del relato infantil – con brujas, hadas y animales mitológicos – y le da una vuelta más para anclarlo en la mentalidad de un niño de nuestro tiempo. Las palabras iniciales de la novela, “érase una vez”, son tanto parodia como homenaje a aquellos cuentos que leímos en la infancia.</p>
<p style="text-align: justify;">El autor, Salman Rushdie, establece en una perfecta relación de la aventura que debe emprender el muchacho con los modernos juegos de video y consolas que han venido a remplazar la imaginación pura: “Por suerte para Luka, vivía en una época en que una cantidad casi infinita de realidades paralelas habían empezado a venderse como juguetes”. No obstante, es la madre del pequeño, Soraya, quien le advierte que “la vida es más difícil que los videojuegos”.</p>
<p style="text-align: justify;">El padre de Luka, Rashid Khalifa, se ha quedado dormido sin poder despertar, una maldición ha caído sobre su familia. Y es Luka, acompañado de sus dos mascotas, quien debe penetrar en el mundo de la magia para buscar el río del tiempo y, más allá, el fuego de la vida que pueda salvar a Rashid. Su guía es el futuro fantasma de su padre, llamado Nopapadie, un ser transparente que cada vez se parece más a Rashid a medida que el sueño profundo se va transformando en muerte. El tiempo apremia.</p>
<p style="text-align: justify;">En el delirante mundo de la magia descubrimos agudas observaciones a nuestra realidad regida por las leyes del mercado. En el “Amnesiums”, por ejemplo, la gente quería sentirse bien incluso cuando no había motivos para ello. El sitio estaba formado por “gigantescas galerías comerciales adonde todos iban a bailar, comprar, aparentar y olvidar”. ¿Le suena?</p>
<p style="text-align: justify;">“Luka y el Fuego de la Vida” le guiña un ojo también a la física teórica y su concepción de los mundos paralelos: en algún minuto Luka se pregunta qué hubo antes del “bang”, así lo llama, sin el prefijo “big”. Y quiere saber: “¿cómo podía estallar todo con un Bang si, ya para empezar, no había nada?”.</p>
<p style="text-align: justify;">Es en la orilla izquierda del río del tiempo donde el autor pasa lista a toda la narrativa universal que haya considerado el tiempo como un protagonista, varias de ellas harto cifradas para un lector desprevenido. Así es como se refiere a la serie inglesa “Doctor Who”, que lleva más de 50 años en pantalla y cuyo protagonista es un estrafalario viajero del tiempo: “aparecía y desaparecía una cabina telefónica de la policía británica de color azul oscuro, de la que salía esporádicamente un hombre de semblante perplejo con un destornillador en la mano”.</p>
<p style="text-align: justify;">También se menciona el conejo loco por los horarios de “Alicia en el país de las maravillas”, el automóvil DeLorean de la película “Volver al futuro” y los incontables “Terminator” que las máquinas envían al pasado para destruir al líder de los humanos.</p>
<p style="text-align: justify;">Luka y sus escoltas deben extremar la inteligencia para avanzar en una serie de mundos complejos, superando etapas tal como en un videojuego. De hecho, Luka dispone de una serie de “vidas” para alcanzar su objetivo de salvar a su padre. Por ahí estriba la novedad de esta novela: no se extravía en los cánones de las fábulas antiguas de héroes y princesas, sino que va más adelante al conjeturar que el moderno mozuelo enviciado con la Nintendo Wii, casi autista en su devoción por el juego, puede tener una salvación si se le invita a conocer el arte viejo, el original, el primigenio: la literatura. Nunca es tarde.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://titolandia.cl/2012/03/23/salman-rushdie/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>

