La mayor tragedia es una victoria
La portada del libro es elocuente: aparecen la fallecida Dama de Hierro inglesa, que no titubeó en enviar sus tropas al Atlántico Sur, y doña Cristina, la actual representante de la nación que no puede aceptar el resultado de su fallida aventura bélica.

Pocas guerras habían sido tan anunciadas como la Guerra de Las Malvinas, en 1982: desde que los argentinos invadían las islas hasta la llegada de la flota inglesa para recapturarlas. En ese periodo, la mitad del mundo comenzaba a alinearse por uno u otro bando, a veces de manera disimulada, y a veces abiertamente. Chile, con el recuerdo fresco del conflicto con nuestros vecinos en 1978, se ubicó junto a los ingleses. Y en la revista peruana Caretas la situación era “poco favorable para un editor chileno. Es que, en pocas horas, la opinión pública peruana se había volcado a favor de Argentina”. Ese editor era el periodista José Rodríguez Eliozondo.
En “Guerra de Las Malvinas. Noticia en desarrollo 1982-2012” (Editorial El Mercurio Aguilar) el autor presenta un lúcido análisis de un conflicto literalmente en eterno “desarrollo”, porque los más de treinta años que nos separan del enfrentamiento armado no han servido para olvidarlo. El libro se estructura en una ágil mezcla de las informaciones y opiniones publicadas en Caretas por aquellos días, junto con alcances y análisis actuales. Es una “historia contemporánea de ayer”, como la define el propio Rodríguez: “es el recuerdo procesado de semanas apasionantes, con cierres abrumadores en la oficina del director, alrededor de una botella de buen whisky”.
Pese a esa relación cordial, el autor señala que siempre hubo roces debido a los distintos puntos de vista para abordar el tema. Una vez, por ejemplo, el director lo increpa: “¿Por qué sigues informando que Argentina está perdiendo la guerra? ¡Tú quieres que pierdan los argentinos!”. La respuesta de José Rodríguez ante la acusación es tautológica: “porque los ingleses no pueden perder”. Y luego agrega: “Creo que estamos ante el cargamontón externo de quienes quieren desinformación, para que la realidad coincida con sus deseos”.
¿Cuál era el contexto de la época? Dictaduras militares en Chile y Argentina, con la diferencia de que la del otro lado de Los Andes estaba asfixiada y vivía quizás sus últimas semanas. La jugada del dictador – y reconocido beodo – Leopoldo Fortunato Galtieri fue apelar a un nacionalismo, cuyos resultados serían sangrientos, para unificar a su país y mantenerse en el poder. Que Las Malvinas fuesen o no argentinas era un tema secundario.
En los escenarios internacionales en que nuestros vecinos pedían ayuda y solidaridad para lo que su canciller llamaba “la causa de América”, Chile se abstuvo. “Desde Londres y desde Buenos Aires, ambos bandos trataban de ganar la guerra de la información”, señala el autor, y en nuestro país era mejor recibida y deglutida la versión británica.
¿Y son argentinas Las Malvinas? De acuerdo al historiador Luis Alberto Romero, citado por Rodríguez, el problema es que las islas no constituyen un caso colonial clásico – como en India, Argelia o Indochina – donde la reivindicación libertaria provenía de los mismos pueblos. En Las Malvinas “nunca hubo una población argentina, vencida y sometida, y quienes viven en ella no quieren ser liberados por la Argentina”.
Junto al periodista Jorge Lanata, Romero integra un grupo de profesionales y académicos críticos de la aspiración trasandina por las islas, cuyas publicaciones en la prensa son continuas y siempre polémicas: “En honor a los tratados de derechos humanos incorporados a la Constitución de nuestro país, los habitantes de Las Malvinas deben ser reconocidos como sujetos de derecho”. Las respuestas de sus detractores, algunas recogidas por el autor, son violentas: “Lanata y su lacra, vendepatrias, cipayos y traidores, no se puede estar del lado de los piratas ingleses… la sangre de nuestros soldados sólo se limpiará cuando los ingleses devuelvan Las Malvinas”.
“Guerra de Las Malvinas” es un libro apasionante porque efectivamente se aborda como una novela épica interminable e inconclusa. Los estragos todavía se sienten como en el primer día luego del triunfo británico, y cobran actualidad con noticias como la muerte de la ex primera ministra Margaret Thatcher. Hacia el final, José Rodríguez Eliozondo cita una frase del general Wellington – el que se enfrentó a Napoleón – que ilustra lo que ha sucedido hasta ahora: “La mayor tragedia en el mundo es una victoria, con excepción de una derrota”.














